20090324

La Vanidad




El ciberespacio de Gibson es el Aleph que hay dentro de mi habitación. Dentro de ese Aleph está todo. Nos gustaría darles una idea de ese todo, pero después de haber leído las enumeraciones impares de Borges vergüenza nos da intentar una con objetivos similares, por lo que al lector deberá bastarle con esa curiosa palabra: Todo.

No repetiremos aquí, Dios nos libre, que el Aleph es una prefiguración de Internet. Tampoco contaremos la historia que narra cómo Gibson, que cada día está más joven, le abrió a la literatura el camino a lo impensado, es decir, el camino hacia un universo que el llamó ciberespacio. Sin embargo no está demás detenerse en algunos puntos que se derivan de su, llamémoslo así, descubrimiento.

Primero decir que El ciberespacio, que comúnmente es llamado espacio virtual o universo virtual, es tan virtual como nuestro propio espacio. Y aunque eso se haya dicho mucho antes de que supiéramos que somos un holograma, es tan verdad (aunque menos evidente) como si se hubiera dicho después, ya que el mundo es y ha sido siempre una representación de lo que a nuestros sentidos, maliciosamente guiados por viejas representaciones, se les antoja recolectar.

Sin embargo, a pesar de las similitudes, el mentado espacio virtual permite, hay que reconocerlo, una serie de acciones muy difíciles de emprender en el espacio holográfico donde vinimos al mundo. Y es que en el primero se hace más fácil desarrollar acciones tendientes a generar realidad significativa. Así, en el espacio virtual podemos, por ejemplo, escribir un artículo de la enciclopedia más completa de la tierra sin gastar tinta ni necesitar acreditaciones de ningún tipo, podemos modificar nuestra historia vital sin la necesidad de pagarle a un empleado del registro civil o podemos cambiar la fecha en la que un artículo fue publicado interviniendo así el pasado.

Y todo gracias al hecho de que el ciberespacio es una invención de los hombres y por lo tanto las herramientas para modificarlo a nuestro gusto están, teóricamente, al alcance de todos los hombres.

El ciberespacio se escribe, se dibuja, se inventa.

Y el resultado de esa invención nos afecta, nos influye, nos modifica y todo debido a que lo que en él ocurre nos hace sentido. Podemos decir entonces, sin ir demasiado lejos, que el ciberespacio y/o sus componentes es o son, en uno de sus niveles, literatura.

Pero asumiendo que algunos no saben muy bien lo que tienen que entender por literatura digamos mejor que el ciberespacio, sin pretender definirlo, es una obra colectiva consistente en una enorme masa de información con las más variadas formas que representa muchas cosas pero también el sustento ideal para que los así llamados escritores puedan hacer todo cuanto sean capaces de imaginar mediante la transformación o ensamblaje de alguna de sus partes.

Es cierto que para navegar a gusto a través de la redes de información es necesario manejar ciertas técnicas y otras tantas para modificar su entramado, sin embargo esas herramientas, en una o dos generaciones, estarán tan generalizadas que podrán ser equiparadas a la herramienta del lenguaje, que por masificada ya no se considera tal.

El increíble Tlon está limitado a unas cuantas páginas. Todo cuanto queramos saber de él lo podemos averiguar en las páginas que Borges escribió, y todo lo que sobre él se diga fuera de esas páginas será un juego, un juego entretenido pero un juego.

Gibson fue el que nos señaló la existencia de un universo en el que un juego así puede llegar a ser real o al menos puede llegar a ser un juego en serio. Un espacio donde existan interminables prados donde pasten los caballos salvajes de un cuento, donde existan el millar de volúmenes a los que haga referencia un libro, donde se abra una puerta que enlace cada palabra de ese libro con un mundo que a su vez enlace a cientos de miles de otros mundos.

Para empezar podríamos tomar el universo borgiano y hacerlo realidad. Un lindo homenaje. Pero hacer homenajes no es lo importante. Lo importante es que podemos tomar nuestro propio universo y conectarlo con un espacio sin fronteras del que formará parte. El tiempo es escaso, y nunca lo fue tanto como ahora. Recuerdo con gracia a los viejos profesores que dicen que Internet facilita demasiado la cosas. Pobres hombres, no tienen la culpa. Internet no ha facilitado nada, Internet no nos ahorra tiempo. Tal vez lo haga si lo que se quiere es sumar dos y dos o escribir una biografía sobre la vida y obra de Gibson o de Borges. Pero eso no es lo que aquí nos importa, pues lo que aquí nos importa es intervenir (crear) un universo y eso requiere tiempo y no tenemos tiempo.

Y no es que esté mal escribir una linda historia de amor, lectores no faltarán como tampoco tranquilas tardes de otoño en las que repasarlas con gusto. Pero sé que hay quienes, como Borges, son capaces de imaginar algo más, quienes en algún momento de la noche han dado con un mundo en uno de cuyos países, en una de cuyas ciudades, habitaba una pequeña historia de amor mientras las guerras, las lejanas pirámides, las galaxias, el tiempo se sucede inagotable…

Dos y dos son cuatro. Ya todos lo sabemos.

Usemos entonces la calculadora para cosas más interesantes. Una biografía de Gibson? Para qué si ya hay millones y basta con un click para encontrar cualquiera de ellas. Dos y dos son cuatro. Gibson nació en Conway, South Carolina, Conway está en Horry County el que se llama así en honor a Peter Horry, un brigadier general de la guerra por la independencia de Estados Unidos que sirvió bajo el mando de Francis Marion, al que se le conoce como creador de la "guerra de guerrillas"... y todo eso podemos saberlo en 30 segundos. Dos y dos son cuatro. Olvidémonos entonces de sumar.

O en el caso de la historia de un hombre que escribe un libro del que sólo se conservan unas páginas, por qué no escribir esas páginas y que el enlace a ellas esté en el mismo libro?. Y si en esas página se hace referencia a una canción, por qué no buscar la forma de que el lector pueda oirla? Y si somos capaces de hacer eso, por qué no seguir hasta donde nuestra imaginación nos permita llegar?
Nuestra obra como el primer eslabón de una cadena cuyo final perdemos de vista, pero no, ya sabemos que el tiempo y sus sucesiones nada tiene que hacer en este nuevo universo, entonces ni siquiera el primero, sino cualquiera de ellos (por qué no el inconcebible final?).

Pero a muchos les surgirá una pregunta:
Si mi obra se enlaza a cientos o miles de obras entonces, de quién es la obra?
De quién es el mérito?
De quién los aplausos?

He aquí una decisión:

Optar por continuar encerrados en nuestros pequeños y pobres mundos, aferrados al reconocimiento y los aplausos, o bien crear criaturas con vida propia que excedan largamente los límites antes conocidos, mostrando infinidad de caminos a través de los cuales el receptor de la obra pueda hacer sus propias elecciones que lo lleven a generar una obra propia, creada por y para él durante un viaje al que el autor no puede acompañarlo.

Optar dar el paso que nos lleve de ser los "creadores de la obra" a ser los "creadores de la ventana hacia la obra". Una obra que resulta inalcanzable para un autor individual no sólo por compleja, sino que también por vasta, tan vasta que sólo generaciones de hombres con habilidades dispares podrían (y pueden) recrear.

Gibson nos hizo el favor de mostrarnos un camino cuando el camino apenas sí existía, ahora, aunque todavía con algunos baches, ya es transitable sin grandes dificultades por quien esté dispuesto a hacerlo, sin embargo, algo se ha encargado de ocultar ese camino a los ojos del lector, un lector que aunque pasa el día entre dos mundos (que es el mismo mundo) sólo ve obras que se enmarcan en uno de ellos (en la mitad de aquel que es uno). Las razones de este sesgo imperdonable han de ser muchas, pero en este momento me gustaría mencionar la vanidad. La vanidad del autor que dice orgulloso que él no trabaja por dinero pues le basta con el reconocimiento de quienes le rodean. Pues déjeme que le diga, señor escritor, que mucho mejor para todos, y en especial para la literatura, sería que todo lo hiciera por dinero.

3 comentarios:

  1. De todas maneras, la vanidad (y lo consiguiente o subsiguiente; la fama y el dinero)podría ser la principal fuente para ese tipo de escritor que se intenta describir acá. Sin embargo, muchos entendemos que la literatura (la escritura) es una enfermedad, un síndrome que a fases avanzadas se hace incurable. En el mejor de los casos podríamos denominarla como vocación (en el sentido más castizo y cristianizante de la palabra)y en el pero, como actividad-vanizante (el español se me queda corto, habría que probar con el alemán o el mapudungún).

    Saludos.-
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  2. *fe de errata: donde dice pero, debe decir peor.
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