20090919

Blue in Green




Entre el verde y el azul fui herido...
Alejandra Pizarnik


Mark Rothko, Verde dividido por azul, 1968.


El Cuadro mide a penas 60,6 x 45,1 cm. Apenas, porque su obra nos sorprendió con formatos enormes. Apenas, porque su obra fue enorme a pesar de los formatos.

Y es que no importa que gran parte del trabajo de Rothko fuera a escala de murales, sobre los dos metros. Tampoco que en 1968 Rothko, que hace poco había terminado las pinturas para la Houston Chapel - proyecto que comenzó en el otoño de 1964 -, sufriera de un aneurisma /además del exceso de alcohol y el tabaco/ y se le prohibiera trabajar en cuadros de más de un metro, no importa que durante este periodo su obra la realizara sobre papel, insistir con datos de este tipo es inútil, pues su trabajo no es de tamaños –de espacio-, no es de tiempo, ni aun de años. Basta con mirar este cuadro Verde dividido por azul, y notar como interioriza más allá de su formato, más allá de los años y de todo cuanto en ellos pudo ocurrir.

La obra de Mark Rothko establece un terreno próximo a las dimensiones de un sueño, de un páramo, a las del silencio. A un escenario que logramos reconocer, avistar, o más bien lugares en los que podemos entrar en una exploración propia de nuestra memoria, haciendo de cada uno aquel sujeto yacente, el contemplador activo de aquellos enormes campos de color que de pronto se movilizan hacia aperturas cuyo entendimiento consumamos en la presencia.

No es representación. Es presentarse al hecho de estar. La existencia de una intimidad sincera con la pintura.

Las pinturas de Rothko no hacen un eco de imágenes. No vienen a ubicarnos en lugares comunes, sino en lo exasperante. En el Horizonte sin dimensiones posibles. En lo inconmensurable donde se acaba y comienza, donde (y si tenemos suerte) se respira. Es ahí donde reconocemos la obra y su dimensión. /Nunca antes vista.

Rothko nos invita a aventurarnos con él hacia el vigor de esa dimensión. Lugar que ni siquiera los sueños son capaces de precisar, pero que aún así intuimos y en ellos nos desamparamos.

Por y gracias a la abstracción a la que él mismo se negaba y en la que sin saberlo, también se nos niega.

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