20100107

Ideas Praga




El camino. Una galería de puentes. Alguna vez en Chequia, un poeta muerto. De sus bolsillos Alguna vez De sus relámpagos.


Puentes alguna vez entre dos trincheras vacías: su guerra.


- Pero no hay tales caminos, dice el hombre mientras cruza los adoquines congelados. Su sonrisa de cuchillos contra el mar.


Y yo no lo olvido.



Dos poemas, por Ph. Liev:


ES LA CRIATURA


Te sugerí una vez que miraras los colores de la pared
Que los dibujaras con tu dedo como una boca
Que dejaras tus ojos sobre las brasas
Mientras el café caía como lluvia sobre el mar
Y tu cantabas un poema de Violeta Parra
Un poema que no conocías
Que nunca te leí
Que nadie nunca te leyó
Y cantabas buscando una guitarra con tus manos
Pero no había guitarras en la habitación miserable
Pues no había más que fuego y alas
Y eso yo también te lo dije
Y tus manos / de pronto / se volvieron amarillas
Y yo las vi volverse amarillas
Entre las llamas
Y pensé en la inocencia y en los héroes
Y también pensé en los libros de los escritores norteamericanos del siglo XX
Mientras inventaba explicaciones y discursos
Para poder seguir a los pequeños esquifes
/ que surcaron el desastre

Y así pasaron las horas que me mantuvieron despierto
Durante las mañanas huracanadas de las orillas del mundo
Y entonces
Sin que yo pudiera contarlo
Tu guitarra desgarró las alas de las sirenas…
Gritos y rimas indescifrables
invocaron los perímetros de los oleos/horizonte
Voces que recordé mías y tuyas
caían del cielorraso para posarse en las infames sentencias
de la poesía de los niños huérfanos de norte y de lápidas memorables
y de raíces y de flores y de tierra
Incluso de tierra
Sobre todo de tierra
que cantas y te llevas a la boca para que en tu vientre crezcan
los bosques donde los búhos aniden en paz

Y así pasaron los años que me mantuvieron despierto
Lejos de las horas y de los plazos
Asolado de llamas de las que no escapé
En busca de la trampa sin paredes
A la que nos conduce la estela de los témpanos
Y también la memoria y las lecturas de los artistas del hambre
Y los truenos de los aviones sobre el océano
Y el tiempo
Ese breve insecto que canta en los talleres helados
objetivo final de los detectives que buscan la belleza de los crímenes
y que una noche con tanto cuidado tomé entre mis dedos
para salvarlo de las llamas
y de los cantos
y así poder seguir quemándome
en Mi mismo
hasta que las manos
se confundieran con las paredes y sus puentes

Y los ojos se cerraron
La guitarra se transformó en tres animales azules
que velaron tu sueño
mientras la nieve caía sobre la gran fogata rodeada de grillos
y de Suerte
No de fortuna
No de abundancia
Pero de Suerte
Y eso es todo
Desde las cumbres no es más que un punto de luz en el oasis
Un anaranjado en el horror
Un celeste en las penas que nos esperan y hacia las que corremos sin descanso
Y tu lo sabes
Lo repites cada noche con la forma de la sangre que corre por tus sueños
Y yo lo escucho desde la trinchera de una guerra sin trincheras
Y lo cuido y lo leo y lo escribo
Como si se tratara de un conjuro
Pero no se trata de un conjuro
Ni mucho menos de un poema
A la mujer
que describió la forma del destino
que se esconde en la silueta imaginaria
de mis duelos
En el estar cansado
de mi voz
/ Razón transparente
que justifica la comedia de los actos
Sucia bandera que flamea entre el incendio
Y los aplausos presagiados por la trampa
La trampa presagiada por la arena
Arena presagiada por los viejos augures de la insensatez y del delirio
Hechiceros que buscamos cada noche
Para que nos hablen de los meses invisibles que jugamos a olvidar
Y a veces
Entre el descuido y el desvelo
Modelamos la respuesta que nos dice


No hay tales caminos
No hay tales trampas
No hay tales puertas de tales leyes
Porque tu eres la forma del abismo
Y por tus surcos
Derivarán los barcos y las aguas
Y de tu brisa
Nacerán los colores por venir



Encrucijadas vacías
Un árbol en medio del desierto no separa el desierto
Un hombre
Un dibujo
Newman
Rothko
Cruces
Cementerios con flores de papel
Papeles de horizontes y de sangre
Robert Frost en medio de la nieve
Preguntándose el futuro de sus pasos
Dos caminos hay, dice
Ocultando su sonrisa de tantos caminos de tantos pasos
de tanto arbitrio

Palabras

Barcos hundiéndose demasiado cerca de los muelles
Perros olfateando la estela del error
Trazos de carbón adivinando el patrón de tus desvelos
Libros sosteniendo las ruinas de la noche

Llamas

Gritos que confundo con un canto
se abren paso por la bruma
Es la criatura
En sus ojos los ojos de mil alas
En sus intentos las grietas de la ley

Río de Voces

Piedras talladas asemejan Otras piedras
Las cenizas caen en el rincón que es uno y cuatro
Violeta Parra ensaya una sonrisa
Los aplausos decaen
Los meses se desmoronan
El décimo año ensaya sus edictos
El insecto cuenta la historia de un pintor, la muerte y un espejo
Todos ríen

Mares de Nada

Y vuelta a empezar



GALERÍAS


Los demonios empezaron la fiesta sin mi
Devoraron los peces sin mi
Bebieron la sangre sin mi
Lanzaron los dados sin mi
Contaron sus ojos sin mi
Dibujaron la playa
La forma de las calles
La entrada de los bares
Las luces titilando
Los héroes sin márgenes
Las tormentas sin error
Los mástiles / los rayos
Sin mi
se abrieron las galerías
que guardan los óleos sin estrellas
Las recorro
Buscando el horizonte
Inmensas-galerías-circulares
En cuyas altas paredes y sobre cada cuadro
se abren como nichos de muerte las mínimas cuevas de los demonios
que duermen
y el horizonte se aleja
que recitan versos en olvidadas-lenguas-germánicas
y las nubes se alejan
que murmuran la Suerte de un niño
que Busca en Devastadas planicies
y las olas se agitan
forman afilados dientes
escalas que somos o seremos
caminos
que transitamos con el mundo
en-un-sólo-cuerpo
de largas manos de largas uñas
que se estiran
como si trataran de alcanzar La estela
de las batallas sin trincheras
que se libran más allá de las vanguardias
(y de la lluvia y de sus gritos de valkiria)
La sombra de los años
en que los dados se detengan
y las apuestas se cobren o se pierdan
y los demonios se escapen
no de sus cuevas sino de los cuadros que eran sus cuevas
y vuelen sobre nuestras cabezas
en insensatos remolinos
que se traguen las olas y sus dientes
y con ellos al hombre de largas manos
que alguna noche entregara su alma
para poder creer que en sus intentos
fue también todos los hombres
fue Homero y Shakespeare y Kafka
Joyce y Borges
Troya y Barcelona
Y yo y tu que sin querer fuimos él
Mientras soñábamos
con las vastas-galerías-sin final



0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada